DE CAMINO A RUANDA

Con el cuerpo todavía magullado después de la subida al Nyiragongo cogimos las mochilas y nos fuimos andando a Ruanda. Gisenyi está a solo 2km de Goma. En la frontera, antes de tramitar los papeles para el visado, una señorita te revisa el equipaje porque no puedes entrar en el país con bolsas de plástico. Como íbamos avisados las bolsas herméticas que usamos para proteger cámaras, cables y demás aparatos las escondimos bien. Y después todo es bastante rápido, rellenar el formulario, 30$ y el sello.

Gisenyi es un pueblo pequeño a orillas del lago Kivu. No hay mucho que hacer aquí pero es un buen sitio para descansar y entrar en contacto con el país. Y lo que necesitábamos nosotros era precisamente reposar y recuperarnos de agujetas, cagaleras y muy importante, lavar ropa.

Ruanda es un país bastante caro y algunos de los alojamientos mas baratos pertenecen a la iglesia, en cualquiera de sus versiones. Así que nos dirigimos directamente a los presbiterianos que tienen unas habitaciones austeras pero limpias y con baño. Y la chica de recepción no tiene inconveniente en recibirte en pijama y sin peinar.

La primera inspección del pueblo fue para buscar un cajero y, atención, solo uno en todo Gisenyi acepta tarjetas internacionales y únicamente visa. Es el Bank of Kigali pero no la oficina central sino la sucursal delante del mercado.

Ruanda es un país muy bonito, con miles de colinas, verde verde, el lago Kivu, limpio, las carreteras asfaltadas y electricidad en todos sitios. Pero Ruanda es también el país donde hace solo unos años tuvo lugar un genocidio. Una masacre atroz que no debemos olvidar. Estábamos muy informados del tema, Pablo Sigismondi, el amigo con el que fuimos al campo de refugiados de Dadaab en Kenia, nos dio una clase magistral y habíamos leído un libro interesantísimo “We wish to inform you that tomorrow we will be killed with our families” de P. Gourevich. Y cuando cogimos el bus de Gisenyi a Kigali una extraña sensación nos recorría el cuerpo, ¿como esta gente puede vivir después de lo que pasó? Pasamos por pueblos descritos en el libro donde murió mucha gente, por memoriales y carteles donde se gritaba “genocidio nunca mas”.

En 3 horas llegamos a la capital.

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